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New World Order 2.0

Animado por las últimas discusiones en torno a la guerra y al papel de la multitud como factor de oposición a ésta, he traducido el siguiente texto de Michael Hardt (autor junto a Toni Negri del libro “Imperio”) titulado “El 18 de Brumario de George W. Bush” que aparece en el libro Content del estudio de arquitectos OMA de Rem Kolhaas.

¿Realmente la masa puede ocasionalmente transformarse en actor político?

El 18 de Brumario de George W. Bush

de Michael Hardt

“Hegel subraya en algún sitio que todos los hechos y personajes de gran importancia en la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Se le olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa.” Karl Marx

Parecemos condenados a la repetición histórica. De hecho, hay un exceso de fantasmas del pasado vagando por el presente. Pero necesitamos descartar los falsos espectros y ver qué grandes hechos y figuras históricas realmente se repiten hoy.

En algunos aspectos, la guerra de Irak y la actual política exterior del gobierno de los EE. UU. parecen repetir los viejos proyectos imperialistas europeos. Los presentes esfuerzos, no sólo por imponer un nuevo régimen en Irak y Afganistán, sino por rehacer el marco geopolítico de Oriente Medio así como por “reformar la escena mundial” están concebidos y presentados usando los viejos términos de la misión civilizadora de las antiguas potencias coloniales europeas. El presidente Bush debe de imaginarse a sí mismo vistiendo la capa de los grandes nobles imperialistas, educando a los salvajes y llevando la civilización al mundo. Debemos de tener el coraje necesario para ayudarles, nos dice, y ellos nos lo agradecerán después. Dicho más llanamente: los esfuerzos para controlar los vastos campos petrolíferos en Irak y Oriente Medio sin duda recuerdan a numerosas guerras imperialistas emprendidas para acumular recursos, como hicieron los británicos, hace un siglo, en la Guerra de los Bóer para controlar las minas de oro sudafricanas –sangre por oro ayer, sangre por petróleo hoy-.

A pesar de estas semejanzas, los viejos imperialismos no nos pueden ayudar a entender lo esencial de la actual situación. Estas comparaciones en realidad son vestidos que sientan mal, que disfrazan lo que está pasando bajo la superficie. La auténtica repetición histórica está mucho más cerca de casa. Alguien podrá decir que los Estados Unidos están repitiendo ahora la guerra del Golfo de 1991, y ciertamente es así, pero realmente es sólo un elemento ante una repetición histórica mucho más importante: el golpe de estado (coup d`Etat) desde dentro del sistema, un nuevo 18 de Brumario, esta vez de padre e hijo, no de tío y sobrino. Al hablar de golpe de estado me refiero a una usurpación del poder desde el propio orden imperante por un elemento unilateral, monárquico, y la correspondiente subordinación a éste de fuerzas multilaterales, aristocráticas.

El golpe de estado de Bush padre fue concebido al mismo tiempo en que se creaba un nuevo orden mundial. Inmediatamente después de la caída del muro de Berlín y del colapso del orden bipolar de la Guerra Fría, la primera Guerra del Golfo ayudó a establecer los términos de una nueva estructura de poder global. Los Estados Unidos como superpotencia vencedora de la Guerra Fría tomaba la delantera sobre las otras potencias, pero no podría dominar el mundo por sí sola. Estados Unidos en este Primer Imperio navegó por una corriente que combinaba superioridad y colaboración. Los Estados Unidos asumían el papel del “poder monárquico”, especialmente en asuntos militares, pero simultáneamente tendía un puente de colaboración con un sistema global de poder constituido por una red de fuerzas con diversas capacidades y formas, incluyendo otras naciones-estado dominantes, sobre todo Europa y Japón, junto a grandes instituciones capitalistas supranacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y muchas otras. El principal rasgo del Primer Imperio, una vez más, fue la superioridad “monárquica” de los Estados Unidos que no entraba en contradicción con la participación de distintas fuerzas “aristocráticas” en el sistema de poder global.

El golpe de estado de Bush hijo, que a menudo se presenta con el nombre de unilateralismo, da un paso más allá en la concentración de poder global en las manos de los “monárquicos” Estados Unidos. Lo que está claro en la nueva doctrina estadounidense de los ataques preventivos y la reestructuración de la política mundial es que Estados Unidos está intentando subordinar radicalmente a todos los poderes “aristocráticos”. Los Estados Unidos creen que ellos pueden mandar en el mundo solos o bien con la mera ayuda de vasallos pasivos. Muchos de los otros poderes creen que deben apoyar y seguir su liderazgo no ya por su propio bien sino por que fallar a su vasallaje puede debilitarlos y finalmente hacerlos irrelevantes.

Mientras Bush hijo juega a ser el joven Bonaparte, las Naciones Unidas y los países europeos, principalmente Francia y Alemania, se encuentran en la posición de los partidos parlamentarias de la burguesía francesa del siglo XIX, insistiendo en el multilateralismo frente al unilateralismo del Emperador. Ésta es la verdadera repetición histórica. De hecho, la lucha entre los Estados Unidos y las Naciones Unidas, los esfuerzos americanos por debilitar la Unión Europea y los conflictos internos de la OTAN están más cerca del núcleo esencial de los acontecimientos actuales que la guerra en Irak. Es aquí donde la jerarquía del Segundo Imperio –nuevo orden mundial 2- está trabajando hoy.

De todas formas cada repetición histórica se da con sus diferencias y no únicamente por que la primera vez el acontecimiento tenga el peso de una trágica transformación y la segunda sea una grotesca mascarada. El golpe de estado de Bush hijo se parece al de su padre en que ambos han intentado concentrar el mayor poder posible en las manos de EE. UU. En el Primer Imperio, el papel monárquico de Estados Unidos en el nuevo orden mundial fue equilibrado por la participación de numerosos poderes aristocráticos. Hoy esta naturaleza dual (superioridad más colaboración) del Imperio parece haber quebrado totalmente. Por un lado, una Europa unida, las Naciones Unidas, y otros poderes multilaterales tratando de ser una alternativa real a EE.UU. socavando su superioridad mundial (no podemos desestimar la amenaza que supone el euro al monopolio monetario global del dólar). Por otro, el Segundo Imperio de Bush hijo intentando separar las Naciones Unidas del resto de poderes, volviendo innecesaria la colaboración. En ambos casos podemos ver que la concordia entre la “monarquía” y “aristocracia” del Primer Imperio ha sido destrozada y cada vez parece más imposible su restauración.

En respuesta al golpe de estado bonapartista y la formación del Segundo Imperio francés del siglo XIX, cuando las fuerzas de la revolución se encontraban en su punto más bajo, Marx vió razones para el optimismo. Por supuesto él no abogó por el multilateralismo de los partidos burgueses frente al Emperador. Más bien estimó los conflictos entre los poderes dominantes como un paso por el purgatorio, en el que las aparentemente inexistentes fuerzas revolucionarias se recogían a las catacumbas, escondidas, ocultas, esperando el momento oportuno para reaparecer. Yo tampoco tengo intención de tomar partido por ninguna de las fuerzas en lucha por el poder en el pináculo de la jerarquía global –EE.UU., Europa, las Naciones Unidas, Blair, Chirac, etc.-. Actualmente, a diferencia de los tiempos de Marx, las fuerzas de la revolución están trabajando a plena luz. Han madurado durante el Primer Imperio y entran en el segundo con creciente fuerza. Las distintas corrientes que durante años han protestado contra la globalización, son fundamentales en los movimientos de oposición a la guerra, que ahora empiezan a ser reconocidos como “opinión pública global”. Ésta voz alternativa es quizás la mayor diferencia existente hoy, una diferencia que puede hacernos libres del trágico ciclo de la repetición histórica.

Comentario 1. Enviado por aitor el 24 de Marzo de 2004 a las 09:47 AM | TrackBack

Da miedo que un modelo político del XVIII explique tan claramente lo que ocurre ahora.

Comentario 2. Enviado por danieltubau el 26 de Marzo de 2004 a las 06:15 PM | TrackBack

Esta comparación entre el 18 brunmario los bush es como encontrar el número pi en la pirámide de Keops: estar está, como todos los números que queramos encontrar.

De todos modos, sería estupendo que la historia se repitiera como farsa en vez de como (otra) tragedia.

Comentario 3. Enviado por pablo el 26 de Marzo de 2004 a las 07:55 PM | TrackBack

!Vaya frivolidad este comentario del número pi!

A mi el texto de Hardt me parece especialmente lúcido en el análisis de la hegemonía de EEUU desde la caida del muro de Berlín y su relación con las otras fuerzas dominantes en el mundo, sencillo y fácil de comprender. Realmente utilizar la comparación con el 18 de Brumario de Luis Bonaparte me parece más una licencia literaria que otra cosa. De hecho el mismo texto es una repetición histórica, ya que Marx tiene un escrito titulado “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte” que es el mismo de donde Hardt ha extraido su cita, otro recurso que me parece atractivo. Yo creo que la cuestión en todo caso es ver si el concepto de “multitud” es relevante, ya que según Toni Negri y Hardt

usan “multitud” como un concepto de clase, emparentado con el concepto de proletariado en un sentido amplio. La multitud está compuesta de todos aquellos cuyo trabajo está regido, directa o indirectamente, por el capital. Deberíamos diferenciar esto de los significados atribuidos a la “clase trabajadora” y el “proletariado” en los siglos XIX y XX. En otras palabras, “clase trabajadora” tendía a referirse sólo al trabajador industrial, mientras que “proletariado” solía limitarse sólo a ciertos sectores dominantes de la fuerza de trabajo. La noción de multitud restablece la magnitud del tema del trabajo, para que incluir el trabajo de todos.

Lo que el concepto de multitud implica es que las formas jerárquicas externas de organización política, y las formas partidarias tradicionales, no son adecuadas. Pero la multitud no es desorganizada o anárquica: es una propuesta diferente de organización política. A veces quienes son demasiado rígidos ven cualquier otra alternativa de organización como anárquica. Lo que vemos hoy en los movimientos de antiglobalización, de protesta contra la guerra, el sábado 13M en Madrid, son nuevas experiencias de organización política. Lo que sí exige la multitud es una democracia absoluta, la libre expresión de las diferencias junto con el poder para actuar en común.

Comentario 4. Enviado por aitor el 27 de Marzo de 2004 a las 01:14 AM | TrackBack

A mi me ha gustado el texto y creo que la comparación entre los dos contextos históricos es muy pertinente. En especial cómo se define la relación entre poder aristocrático y monárquico.

Esta última variable que apuntas sobre la multitud me parece muy acertada y viene a colación de los temas anteriores que venimos comentando. Yo defiendo una diferencia sustancial entre la masa (antes) y la multitud (ahora) que existe gracias a las nuevas tecnologías que han permitido la organización de idéas dentro de un colectivo y la existencia de un juicio crítico mucho más sofisticado de lo que se podría esperar de la masa embrutecida.

Por cierto, que viene Toni Negri a las jornadas de Copyleft en Barcelona a mediados del mes entrante.

Comentario 5. Enviado por Daniel Tubau el 27 de Marzo de 2004 a las 02:16 PM | TrackBack

[Este texto es muy largo, lo siento, si queréis podéis eliminarlo y se podría leer mediante un enlace a otra página]

Voy a explicar mi “frivolidad”.

Ante todo diré que me refiero al texto que aparece en Contradicaciones, no a los libros de Negri y Hardt ni a la teoría en sí: lo que tenemos y lo que provoca la acusación de frívolo es ese texto.

Dije que la comparación entre los dos brumarios de los dos bonapartes y los dos supuestos golpes de estado de los dos Bush era como encontrar el número pi en la pirámide de Keops, porque me parece que puede ser una comparación interesante siempre y cuando sea sólo eso, como parece admitir el que me tacha de frívolo (calificativo que no me molesta en absoluto) cuando dice:

“[esa comparación]me parece más una licencia literaria que otra cosa.”

Si fuera así, no habría ningún problema, siempre y cuando se hiciera bien la comparación, cosa que tampoco se hace, como intentaré mostrar después. Siento que esto me obligue a poner un comentario extenso.

No me parece que se trate de una simple licencia literaria por varias razones: por el tono general del escrito y por determinadas expresiones explícitas.

1. El autor comienza citando la célebre frase de Hegel remodelada por Marx de la historia que se repite, primero en forma de tragedia y después en forma de farsa.

Es un comentario ingenioso por parte de Marx (no tanto por parte de Hegel: los hechos se repiten, en cierto modo, dos, tres, o cuarenta veces, evidentemente, lo raro sería que no lo hicieran).

Sin embargo, ese comentario tal vez sea más cierto al revés, como insinué en mi frivolidad: muy a menudo el personaje o el acontecimiento comienza como farsa y se repite como tragedia.

Podemos encontrar ejemplos (pero esto no es una tesis, sólo una verdadera licencia poética) en: Mussolini…………Hitler

Primo de Rivera…. Franco

Etcétera.

En el caso de Bonaparte/Luis Bonaparte quizá si se puede hablar de tragedia/farsa, entendiendo tragedia en el sentido de obra de importancia y farsa en el sentido de parodia, que es, creo, como lo entendía Marx (no tragedia en el sentido de terrible, luctuoso, etc). Por ello, ya digo, el comentario de Marx, en el contexto en que lo hizo y aplicado a lo que lo aplicaba, es estupendo. Otra cosa es que sea una ley general, un principio dialéctico o cualquier otra cosa semejante, lo que nos obligaría inevitablemente a deformar hechos y personajes hasta que encajen en nuestras teorías.

2. “Parecemos condenados a la repetición histórica”… “fantasmas del pasado” (¿Un fantasma recorre Europa?), “necesitamos descartar los falsos espectros” “ver qué grandes hechos y figuras históricas se repiten realmente hoy”

Todo esto son muestras de un tono y un lenguaje que no indica que estemos ante una licencia poética, sino ante un desentrañamiento de las verdaderas claves de la realidad, que nos permitirán entender lo que los ilusos no entienden.

3. Los ilusos, por si alguien no lo sabe, son los que simplemente establecen la comparación con el imperialismo europeo.

“…[la política de los Bush] parece repetir los viejos proyectos imperialistas…”, pero estas comparaciones: “son vestidos que sientan mal, que disfrazan lo que está pasando bajo la superficie.”

Disfrazar, como sabe cualquiera, es un verbo que implica intención por parte del que lo hace: una cosa puede estar oculta o tapada por otra sin que nadie la haya tapado u ocultado, pero disfrazada exige una voluntad. Con ello se establece una cierta culpabilidad para aquellos ingenuos o ilusos por su comparación con el imperialismo.

4. Enseguida el autor nos abre los ojos, no proponiéndonos una licencia poética, creo yo, sino casi una verdad revelada:

“La auténtica repetición histórica…”

“…una repetición histórica mucho más importante: el golpe de estado (coup d’Etat) desde dentro del sistema”.

¿La conclusión? Un nuevo 18 brumario.

Enseguida aclara a qué se refiere con golpe de Estado:

“la usurpación del poder desde el propio orden imperante por un elemento unilateral, monárquico, y la correspondiente subordinación a este de fuerzas multilaterales aristocráticas”.

Bien, ya está establecida la comparación, la verdadera comparación. El autor jugará durante el texto con cierta ambigüedad en la que no me voy a cebar, acerca del golpe de Estado, y no estamos a veces seguros de si se refiere a un golpe de Estado en Estados Unidos por parte de los Bush o a un golpe de Estado de los Bush y EE.UU en la Comunidad Internacional.

Es a esto último a lo que se refiere, lo que es una pena, porque creo que resulta casi más interesante la comparación con el Golpe de Estado del Cónsul Napoleón y del presidente Luis Bonaparte en Francia con el que, en cierto modo, ha intentado dar Bush hijo en EE.UU (y que, parece, puede fracasar, afortunadamente). Con ello me refiero no al cese de la democracia en sí en el caso estadounidense pero si a la modificación de importantes leyes, derechos y libertades de los ciudadanos, con la excusa de una guerra exterior. Aquí, creo, hay terreno para una comparación muy jugosa.

Pero, siguiendo con la nuestra…

Habla del golpe de Estado de Bush padre, que no sabemos si se ha de comparar con el de Bonaparte o con el de su sobrino, pero enseguida descubrimos que tampoco está claro que sea comparable, porque ese supuesto monarca Bush necesita todavía de los aristócratas. Todas estas referencias a aristócratas y monarca hacen dudar mucho de a qué se refiere, puesto que Bonaparte es un producto, si se quiere deformado, no de la monarquía, sino de la República y aunque se puede decir que contaba con cierto apoyo, quizá, de los monárquicos exiliados, que podían ver en él un camino a la Restauración, estos aristócratas no le apoyarían en tanto que rey. El tema es complejo. Quizá ahora el autor se refiere a Luis Bonaparte, lo que tampoco soluciona plenamente el asunto.

En cualquier caso, la comparación ya queda establecida sin necesiadad de más demostración y sin que se sepa exactamente qué es lo que se compara. Se supone que Bush padre es comparable a un monarca (Bonaparte o Luis Bonaparte) y que hay unos aristócratas que le apoyan. Ya digo que la intervención de los aristócratas en el caso de los bonapartes no es tan clara, pero en fin: esos aristócratas son las potencias europeas y los organismos internacionales.

Establecido este primer punto, sea lo que sea lo que se establece (pues yo no lo sé) se continúa con la comparación: Bush hijo da otro golpe de Estado y en esta ocasión quiere convertirse en monarca absoluto, convertir a los aristócratas en vasallos sin importancia.

Entonces resulta que Bush hijo quiere ser “el joven Bonaparte”. Yo confieso (lo digo con total sinceridad), que no sé a quien se refiere. Por el “joven Bonaparte” siempre habrá que entender: Napoleón Bonaparte, que, efectivamente era joven cuando el Consulado, pero que además es el único al que se llama Bonaparte sin más aclaración, por ejemplo a su hermano que reinaba en España se le llama José Bonaparte.

El sobrino no sé qué edad tenía al presentarse y ganar las primeras elecciones, creo que no era tan joven como Napoleón, pero no lo sé. Pero considerar a uno joven porque es posterior sería mucha confusión, sobre todo teniendo en cuenta que para entonces el Bonaparte original estaba muerto y no podía ser el “viejo Bonaparte”.

No digo esto para ser tiquismiquis, sino para mostrar que la constante indeterminación del texto, al manera en que salta de una cosa a otra sin avisar, impide siquiera saber si la comparación es adecuada o no, a no ser que ya estemos convencidos de antemano o deseemos que nos convenzan: “Sea lo que sea estoy de acuerdo”.

Pero aquí viene la sorpresa.

La flamante comparación se cae hecha añicos cuando de repente, sin previo aviso ni justificación, los aristócratas que colaboraron con Bush padre no sólo ya no colaboran con Bush Hijo (Francia y Alemania) sino que dejan de ser aristócratas. Ahora son burgueses: “se encuentran en la posición de los partidos parlamentarios de la burguesía francesa del siglo XIX, insistiendo en el multilateralismo frente al unilateralismo del Emperador”.

De nuevo, la ambigüedad: ¿qué emperador? ¿Bonaparete o Luis Bonaparte?. Napoleón consiguió el consulado en 1799 y fue único cónsul, convirtiendo en comparsas a los otros dos, tres o cuatro años después. Es decir, los dos emperadores son del siglo XIX. Así que, ¿a quién se refiere el autor? Esta vaguedad, creo, tan constante, no puede ser casual, y si lo es, es un grave error.

Pero, dice el autor, aquí está la verdad:

“Esta es la verdadera repetición histórica”.

A continuación lo explica de una manera pomposa y difícil de captar a la primera, pero que es sencilla: Bush hijo está intentando debilitar a las otras potencias y convertir a EE.UU en potencia hegemónica. Es sencillo y, creo yo, cierto, pero eso ya lo sabíamos perfectamente.

Ahora bien, una vez establecido esto, se olvida, y se pasa a enumerar las diferencias entre ambos procesos (¡¡Pero si apenas hemos empezado a ver las semejanzas!!).

En fin, no quiero ser ya más extenso, pero se podría decir muchas cosas más, por ejemplo observar que esos que en el párrafo anterior pasaron de ser aristóctratas a ser burgueses en este nuevo p`´arrafo van a volver a ser aristócratas: “…la participación de nuemeros poderes aristocráticos”… “la concordia entre la ‘monarquía’ y la aristocracia’ del Primer Imperio ha sido destrozada”.

En cuanto a la conclusión, es interesante, aunque también es discutible. No lo trataré aquí.

Simplemente quiero decir que todo el texto abunda en ambigüedades y demostraciones etéreas que hacen muy difícil que el lector se oriente. Aitor dice que “Da miedo que un modelo político del XVIII explique tan claramente lo que ocurre ahora”.

Yo me pregunto, dónde está esa claridad y dónde está el siglo XVIII, lo que creo, muestra lo confuso del texto, pues uno a menudo no se sabe si se trata de Napoleón, de Luis Napoleón, del 18 brumario (noviembre de 1799) de Napoleón, del “18 brumario” de Luis Napoleón , o del de Marx o del de Bush. Ni siquiera parece claro, que cualquiera de estas cosas sucediera en el siglo XVIII.

En cuanto a lo que dice Pablo acerca de la hegemonía de EE.UU y su intento de acaparar el poder mundial me parece cierto y exacto. También me parece correcto que califique mi opinión de “frivolidad”. Lo era, pero eso no quiere decir que sea una idea errónea: Como decía Chesterton: “Divertido no es lo contrario de serio, sino lo contrario de aburrido”. Podemos sustituir divertido por frívolo.

En cuanto al concepto de “multitud” y su supuesto interés, no diré nada aquí, puesto que, aunque en principio me parece innecesario (creo como Montaigne que es una vanidad buscar palabras nuevas para explicar cosas evidentes), no sé suficiente del asunto como para evitar convertirme no en alguien que dice frivolidades, sino en un frívolo integral.

Comentario 6. Enviado por Germano París el 27 de Marzo de 2004 a las 08:20 PM | TrackBack

Por centrar un poco la cosa y evitar sofismos mareantes. Hardt se refiere en su comparación al Segundo Imperio francés, por eso en el texto habla de “nuevo orden mundial 2”.

El Segundo Imperio francés es establecido por Luis Bonaparte, es decir Bonaparte III, también conocido por Luis Napoleón Bonaparte.

Presidente de la república, disuelve con un golpe de estado la Asamblea Nacional y tras plebiscito se asegura poderes dictatoriales por 10 años (estamos en 1851). Hijo de Luis Bonaparte y sobrino de Napoleón Bonaparte.

Aitor habrá tenido un desliz con lo del XVIII, pues está claro que se habla del XIX

Para leer el texto de Marx “El 18 de brumario de Luis Bonaparte”:

http://www.politicasnet.org/marx.htm

Para más info sobre Napoleón III

http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/personajes/6498.htm

Comentario 7. Enviado por germano paris el 27 de Marzo de 2004 a las 08:25 PM | TrackBack

Perdón, en “El Segundo Imperio francés es establecido por Luis Bonaparte, es decir Bonaparte III, también conocido por Luis Napoleón Bonaparte”. debería decir “El Segundo Imperio francés es establecido por Luis Bonaparte, es decir Napoleón III, también conocido por Luis Napoleón Bonaparte.”

Comentario 8. Enviado por Daniel Tubau el 27 de Marzo de 2004 a las 08:35 PM | TrackBack

Bueno es saber que Hardt se refiere al Segundo Imperio tan sólo, porque yo, sinceramente, pensaba que la comparación era doble (Bonaparte y su sobrino/ Bush y su hijo. Creo que todo el mundo entenderá eso, puesto que eso es lo que parece dar a entender casi siempre el texto y lo que Hardt dice textualmente:”un nuevo 18 de Brumario, esta vez de padre e hijo, no de tío y sobrino”.

Espero que no se considere que esto es un nuevo sofisma. Sería bueno, por otra parte, saber cuáles son esos sofismas que he cometido.

Comentario 9. Enviado por fernanda el 27 de Marzo de 2004 a las 11:14 PM | TrackBack

me parece que han perdido demasiado tiempo hilando tan fino, analizando los “recursos literarios”, de un texto cuya finalidad, me parece, es sencillamente tratar de abrirles un poco el cerebro….

tomen la moraleja (si es que les sirve) y si no es así no hagan tanto alboroto y polémica, no hece falta levantar tanto polvo del piso, basta con estar en desacuerdo y decirlo…

creo que hay cosas más importantes de que ocuparse

Comentario 10. Enviado por Daniel Tubau el 28 de Marzo de 2004 a las 12:23 AM | TrackBack

Siempre hay cosas más importantes de qué ocuparse, pero yo no me considero capaz de decirles a los demás de qué se debe y de qué no se debe hablar.

Comentario 11. Enviado por alice el 28 de Marzo de 2004 a las 09:28 PM | TrackBack

Sobre el comentario de Fernanda

Antes de estar de acuerdo tienes que saber con que estas de acuerdo, esta muy bien cuestionarse las cosas y no asimilar reflexiones que suenen a verdad. De hecho debemos dudar ante las cosas que tenemos mas claras.

Comentario 12. Enviado por fernanda el 31 de Marzo de 2004 a las 06:31 PM | TrackBack

estoy de acuerdo con Alice, hay que cuestionarnos, no dormirnos, sólo quiero repetir mi idea de que muchas veces nos perdemos lo esencial de las cosas y nos vamos por las ramas…

yo tampoco le digo a nadie lo que debe o no hacer, simplemente doy mi opiniòn y mi opiniòn es que el mensaje era mucho màs simple de lo que terminò siendo (o por lo menos eso me pareciò a mi)

Comentario 13. Enviado por Daniel Tubau el 1 de Abril de 2004 a las 12:40 AM | TrackBack

Agradezco a Alice su comentario y me gustaría decirle a Fernanda que nunca quise ofenderla y que su opinión me parece ahora más razonable, aunque sigo sin estar de acuerdo con ella y con esa supuesta sencillez del mensaje original.

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LA SEMANA SIN TV

ADBUSTERS convoca su semana anual TURN-OFF TV.

Una semana por una existencia sin televisión.

Ellos dicen que a mucha gente le funciona estar un tiempo sin ver la caja tonta. Aquí teneis el comunicado en español

Nuestra cultura se ha convertido en un show –según Debord un

“espectáculo integrado”- donde la tecnología y el boato eclipsan la política; donde el estado y la economía se unen en el secreto y las mentiras incontestables. Quizás alguna vez habeís tenido la sensación de estar flotando en un mundo extraño más grande que la vida – más allá de tu control, más allá del tiempo-. Debord lo consideraba “un presente eterno.”

¿Cual es el papel de los medios en este vaudeville cultural? Alimentar el espectáculo con historias unidireccionales, infotainment y ponernos la cabeza como un bombo. Mantenernos entretenidos pero raramente informados o inspirados. ¿Cómo podemos evitar este malestar, ir más allá del vacío de los reality shows y los programas del corazón, y volver a las cuestiones de la vida real?

Llámadlo irónico, o poético, pero la gente habla de cosas extrañas que le suceden cuando apaga el televisor; entonces parece que se enciende su vida. “Volví a descubrir Vivaldi y Vonnegut y encuentro que tengo mucho más tiempo libre” dice uno. “He estado haciendo muchas más cosas.” Otro dice, “yo me di cuenta de que mi esposa tararea en la ducha, una cosa muy linda. Creo que eso nunca podría oírlo en la TV.”

LA SEMANA DE LA TELEVISIÓN APAGADA

Del 19 al 25 de abril, la semana anual que celebra una existencia sin TV. ¿Tu que piensas hacer? ¿Reunirte con los vecinos, destrozar televisiones o simplemente dejar de mirarla?. Háznoslo saber

Comentario 1. Enviado por Isabel el 17 de Abril de 2004 a las 10:53 AM | TrackBack

simplemente dejar de mirarla

Comentario 2. Enviado por Jose21 el 17 de Abril de 2004 a las 01:57 PM | TrackBack

Mi primera reacción ha sido pensar que esta iniciativa es una tontería, porque “una golondrina no hace verano” (o lo que es lo mismo, que liberarnos del yugo televisivo sólo una semana “no resuelve nuestros problemas de fondo”).

Sin embargo, un pensamiento más reposado me ha hecho ver lo importante que son en la vida del ser humano los actos simbólicos : no se trata de resolver de un plumazo nuestros problemas vitales, sino de “empezar a… comprenderlos”.

Es un primer paso, que conduce a otro y a otro.

Y siempre sin olvidar que el enemigo no es la televisión en si misma, sino sus contenidos-basura (hoy, practicamente todos), y el uso excesivo de ella.

Comentario 3. Enviado por Daniel Tubau el 17 de Abril de 2004 a las 06:17 PM | TrackBack

Se supone que esto de la sociedad del espectáculo es algo malo, pero yo veo que quienes hablan contra ella lo único que hacen es espectáculos, representaciones simbólicas, mascaradas en las que se trivilizan los problemas complejos y que se pretenden profundas.

Me parecía que estaba leyendo un manifiesto de Alcohólicos Anónimos: “Dejé la botella y vi que todos me querían”.

Yo no veo la televisión. No es que diga que no la veo, es que no la veo. Nunca o una o dos veces al año. Pero no hago de eso un espectáculo, no presumo de ello para sentirme superior a los demás. Tampoco entiendo esta afición a la violencia, al destrozo. Destrozar televisiones públicamente es lo mismo de la SGAE destrozando cedés. Hacer un espectáculo de la destrucción es el peor espectáculo. Me recuerda a los nazis quemando libros. ¿Por qué ese gusto por la destrucción? Creo que la cultura y la violencia son incompatibles y no entiendo por qué los artistas y los intelectuales parecen tan fascinados por todo lo violento. También el cine norteamericano actual está fascinado por la violencia. Quizá esa fascinación común se deba a que ven demasiadas películas americanas en televisión.

Comentario 4. Enviado por Germano París el 20 de Abril de 2004 a las 05:45 PM

Desde luego cada cual es muy libre de opinar lo que quiera sobre el tema de apagar la televisión. Me parece bien la reflexión de Jose21 sobre los actos simbolicos (yo creo que se trata sobre todo de eso, de un acto simbolico pero también mediatico, para pensar sobre el tema) y tambien estoy de acuerdo con que tiene algo de ese patetismo que siempre asociamos a la terapia de grupo tal como comenta Daniel.

Ahora bien, con lo que estoy en profundo desacuerdo es con la parte final del comentario de Daniel: “cultura y violencia son incompatibles”, esta reflexión es tan políticamente correcta que resulta de una candidez casi enternecedora. Y quiero traer aquí una cita de Walter Benjamin para que entendaís por donde voy: “Todo documento de cultura es un documento de barbarie”, las víctimas saben lo que el vencedor ha olvidado: que el presente está construido sobre cadáveres. Cualquier “progreso cultural” (impuesto militarmente o con herramientas más sutiles) se apoya en un acto de destrucción que implica la desaparición de costumbres y modos de vida, la ruina de anteriores formas de conocimiento y creación. Pero yo tampoco soy un “Unabomber” o un luddita escondido en lo profundo del bosque, que se alimenta de bayas, soñando con derribar la sociedad tecnológica: vivo en ella. Por eso me parece importante la representación de la violencia, y no desde los cánones de Hollywood, porque ahí la violencia está totalmente descontextualizada, no se interroga ni por sus causas ni por sus efectos. Me parece importante una representación de la violencia que se pregunte por su propia naturaleza, que sea crítica consigo misma, no hay que dejar que el monopolio de la imagen violenta sea de los poderosos (del entretenimiento masivo que construye héroes ideológicos tipo Rambo, de los informativos que igualan la imagen del horror con las noticias rosas, de los gobernantes que deciden que se muestra y qué no).

En la serie de grabados de los “Desastres de la guerra”, Goya supo ver y transmitir el horror y sinsentido de una guerra, de una ocupación, del desastre de la violencia cuando, además, no sólo es permitida sino alentada. Tal vez ahora queramos creer que el arte no debe hablarnos de la violencia y del horror sino decorar con bellas formas abstractas nuestros salones de burgueses aterrorizados ante la violencia que nos rodea.

Comentario 5. Enviado por Daniel Tubau el 21 de Abril de 2004 a las 09:54 AM

Evidentemente, no me refería a la denuncia de la violencia que pueden representar los grabados de Goya, o el comic Mauss de Art Spiegelman o tantos otros ejemplos extraordinarios del arte y la literatura.

Me refería a un cierto uso de la violencia que más que combatirla parece promocionarla, como ver a un tío cachas destrozando televisiones como si se tratara de algo “superguay”.

Insisto en que no veo diferencia entre eso y las pelis de hollywood como Kill Bill. Cuando ves los grabados de Goya te alejas de la violencia, la pones aparte, cuando ves esa otra violencia complaciente casi quieres participar y ser tú también violento. Quizá puede parecer que no sé que las culturas, las culturas concretas que conocemos, se han construido a menudo o casi siempre, con la violencia y que las naciones, por ejemplo, todas o casi todas, han sido creadas mediante crímenes (y por eso conmemoran guerras y batallas en sus días nacionales).

A lo que me refería es a que, precisamente, la cultura (y en general cualquier persona responsable) ha de luchar para que eso no siga siendo así, para que cada vez haya menos violencia y, por tanto, a que la cultura debe estar del lado de la paz, de la no violencia y del entendimiento entre las personas mediante la razón. Sé que eso también puede sonar ingénuo, pero prefiero esa ingenuidad a la de quienes creen que los incendios se apagan echando gasolina.

No es mi intención polemizar por polemizar ni digo lo anterior como una alusión personal a nadie en concreto, pero me preocupa ver que en los últimos años se están rompiendo muchos buenos tabúes relacionados con la violencia: por parte de los poderosos y por parte de los que luchan contra los poderosos.

Sé que será una cosa transitoria (espero), como siempre lo ha sido: la tentación a las soluciones fáciles, pero no quiero contribuir a ello, porque después del juego violento quedan ruinas, muertos y heridos.

Todos somos burgueses aterrorizados ante la violencia que nos rodea, pero creo que lo mejor y lo más útil para luchar contra la violencia es no dejarse contagiar por ella, no reproducir sus esquemas y no llenar nuestros salones y nuestros ordenadores de complacientes y fáciles representaciones y réplicas artísticas de la violencia, que nos dejen la conciencia tranquila mientras el mundo sigue rodando hacia el absurdo.

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